Entre Los Relojes

ENTRE LOS RELOJES

En la villa, el reloj de la estación llevaba treinta años marcando las 4:10, y nadie había sentido nunca la necesidad de arreglarlo. Fue Amparo Lozano quien lo notó primero, un jueves de octubre, cuando bajó del autobús con la bolsa del pan y se quedó mirando las manecillas como si acabaran de decirle una grosería.

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